Bailar también es una forma de cuidarse. Entonces, bailemos.

Bailar también es una forma de cuidarse: entonces, bailemos

Bailar también es una forma de cuidarse. Entonces, bailemos.

Nos obsesiona el cómo hacemos las cosas, pero pocas veces nos detenemos a pensar en para qué las hacemos. Vivimos rodeados de consejos sobre cómo mantenernos en forma, cómo entrenar, qué comer, cuántos pasos dar al día o qué ejercicios debemos realizar para sentirnos mejor. Y sí, cuidarse es importante. Muy importante. Pero también deberíamos preguntarnos algo más profundo: ¿Qué actividad nos hace sentir bien no solo por fuera, sino también por dentro? ¿Y si esa actividad fuese Danza?

Para algunas personas, la respuesta está en el gimnasio. Para otras, salir a correr, montar en bicicleta, caminar por la naturaleza o practicar algún deporte. Y para muchas personas, esa respuesta puede estar en algo tan sencillo, natural y emocionante como bailar.

Porque bailar no tiene por qué ser únicamente una actividad recreativa. Puede convertirse en una manera de mover el cuerpo, liberar tensión, conectar con otras personas y regalarle a nuestra mente unos minutos de desconexión. En otras palabras, la danza también puede formar parte de nuestra manera de cuidarnos.

La Organización Mundial de la Salud reconoce precisamente que la actividad física no se limita al deporte tradicional: caminar, jugar, realizar actividades recreativas e incluso bailar forman parte de las diferentes maneras de mantenernos activos. Además, la actividad física regular se relaciona con beneficios tanto físicos como mentales.

El gimnasio también suma, pero no tiene por qué ser para todos

Personalmente, los gimnasios nunca han sido mi lugar favorito.

Reconozco todo lo que pueden aportar. Entrenar con pesas puede ayudarnos a desarrollar fuerza muscular, mejorar nuestra condición física y mantener un cuerpo activo. Además, la actividad física regular puede contribuir a mejorar el estado de ánimo, reducir el estrés y favorecer nuestro bienestar general.

No hay absolutamente nada malo en encontrar placer en una rutina de gimnasio. De hecho, para muchas personas, entrar por la puerta de un gimnasio supone una pequeña victoria diaria. Es ese momento en el que dejan atrás el trabajo, las preocupaciones, las obligaciones y las prisas para dedicarse un rato a sí mismas.

Y eso merece todo mi respeto.

Hay personas que disfrutan levantando pesas, corriendo en una cinta o completando una rutina de quince repeticiones. Para ellas, ese esfuerzo tiene un significado especial. Les hace sentirse fuertes, capaces y satisfechas.

Pero no todos funcionamos de la misma manera.

Hay personas para las que repetir movimientos mecánicos durante una hora no resulta motivador. Personas que necesitan música, ritmo, compañía, expresión y emoción. Personas que quieren sentir que mientras están ejercitando su cuerpo también están alimentando algo más profundo.

Y ahí aparece la danza.

Elegir la manera de cuidarnos que más nos llena también es querernos.

Vivimos en un mundo donde descuidarse se ha convertido casi en un sacrilegio.

Y en eso estoy completamente de acuerdo: hay que cuidarse.

Debemos prestar atención a nuestro cuerpo, intentar mantenernos activos, descansar, alimentarnos de manera adecuada y encontrar espacios para nosotros mismos. Pero existe una pregunta que pocas veces nos hacemos:

¿Por qué no hacerlo de la manera que más nos llene por dentro?

¿Por qué no elegir aquello que alimenta nuestro espíritu, nos inyecta alegría y nos hace felices?

No todas las personas encuentran bienestar haciendo exactamente lo mismo. Lo importante es descubrir una actividad que podamos mantener en el tiempo y que encaje con nuestra personalidad, nuestras preferencias y nuestra vida cotidiana.

El Ministerio de Sanidad señala que la actividad física contribuye al bienestar físico, mental y social, y destaca que incorporar movimiento a nuestra rutina diaria puede ser una de las formas más accesibles de cuidar nuestra salud.

Por eso, quizá la pregunta no debería ser solamente cuánto ejercicio hacemos.

También deberíamos preguntarnos:

¿Disfrutamos mientras lo hacemos?

Cuando la música empieza, algo cambia

Hay un instante muy especial cuando comienza una canción.

Puede que hasta ese momento hayas tenido un día complicado. Quizá llevas horas pensando en problemas, preocupaciones, responsabilidades o cosas que tienes pendientes. Tal vez tu cabeza no ha parado ni un segundo.

Entonces comienza la música.

Y algo cambia.

Primero mueves un pie. Después el otro. Sigues el ritmo. Dejas que los brazos acompañen. Tu cuerpo empieza a responder casi sin que tengas que pensarlo.

Y llega ese momento.

¡5, 6, 7, 8…!

A partir de ahí, ya no estás pensando en todo lo demás.

Estás tú.

La música.

El movimiento.

Y una mente que, durante unos minutos, puede olvidarse de las preocupaciones.

Ese momento es como flotar.

Es la sensación literal de que te nacen alas desde las escápulas y de que todo, absolutamente todo, es posible. No hay frenos ni dudas; solo estás tú, la música y una mente despreocupada, con las ganas intactas de que llegue el día siguiente para volver a empezar.

Eso es lo maravilloso de la danza.

No necesitas ser profesional. No necesitas tener una técnica perfecta. No necesitas conocer todos los pasos ni haber acudido a una academia desde pequeño.

Necesitas tener ganas de moverte.

La danza como forma de movimiento

Una de las grandes ventajas de bailar es que puede adaptarse a personas muy diferentes.

Puedes bailar en una academia, en una sala, en una fiesta, en pareja, en grupo o incluso en tu propia casa.

Puedes elegir salsa, bachata, tango, flamenco, danza contemporánea, danza urbana, sevillanas, merengue o simplemente poner tu canción favorita y dejarte llevar.

No existe una única manera correcta de bailar.

Cada persona puede encontrar su propio ritmo.

Y eso también tiene un valor enorme desde el punto de vista de la actividad física. La intensidad dependerá del tipo de baile, de la duración y del esfuerzo que realice cada persona, pero bailar puede formar parte perfectamente de una vida físicamente activa.

La propia Organización Mundial de la Salud incluye la danza entre las actividades físicas que pueden ayudarnos a mantenernos activos. Para adultos, sus recomendaciones generales contemplan entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o el equivalente de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular.

Esto no significa que tengamos que convertir el baile en una obligación.

Al contrario.

La idea es encontrar movimiento en aquello que disfrutamos.

Beneficios de bailar para el cuerpo

Cuando hablamos de bailar, muchas veces pensamos exclusivamente en diversión. Pero detrás de ese disfrute existe también una actividad que implica movimiento, coordinación y esfuerzo físico.

Dependiendo del estilo y de la intensidad, bailar puede trabajar diferentes capacidades físicas.

1. Ayuda a mantenernos activos

Uno de los primeros beneficios es evidente: cuando bailamos, nos movemos.

En una sociedad donde pasamos muchas horas sentados y delante de pantallas, encontrar actividades que nos hagan levantarnos y movernos puede marcar una diferencia importante.

La actividad física regular está relacionada con numerosos beneficios para la salud, incluyendo mejoras en la condición física y una reducción del riesgo de diferentes enfermedades crónicas.

2. Favorece la fuerza y la movilidad

Bailar implica utilizar piernas, brazos, espalda, abdomen y prácticamente todo el cuerpo.

Además, determinados estilos requieren desplazamientos, cambios de dirección, equilibrio y coordinación.

Con el tiempo, una práctica adecuada puede ayudarnos a mejorar nuestras capacidades físicas y a sentirnos más ágiles.

3. Puede favorecer la salud cardiovascular

Cuando bailamos a una intensidad suficiente, nuestro corazón y nuestra respiración trabajan más.

No es casualidad que diferentes actividades aeróbicas, incluido el baile, sean consideradas opciones interesantes para mantenernos físicamente activos y favorecer la salud cardiovascular.

Por supuesto, la intensidad debe adaptarse a cada persona.

Bailar también puede cuidar nuestra mente

Aquí es donde, para mí, aparece la parte más bonita.

El ejercicio físico no solo tiene relación con el cuerpo. También puede influir positivamente en nuestro bienestar psicológico.

El Ministerio de Sanidad recoge entre los beneficios de la actividad física la mejora del bienestar mental, la reducción de síntomas relacionados con ansiedad y estrés, una mejor calidad del sueño y una mayor sensación de bienestar.

Y la danza tiene un componente que puede hacerla especialmente atractiva: la música.

La música tiene la capacidad de transportarnos.

Una canción puede llevarnos inmediatamente a un recuerdo, una persona, una época de nuestra vida o un momento que creíamos olvidado.

Cuando además acompañamos esa música con nuestro cuerpo, dejamos de ser simples espectadores.

Nos convertimos en parte de ella.

Bailar para liberar estrés

Hay días en los que necesitamos desconectar.

No necesitamos otra pantalla. No necesitamos revisar otra notificación. No necesitamos pensar en lo que ocurrirá mañana.

A veces necesitamos simplemente cerrar la puerta, poner nuestra canción favorita y movernos.

Durante esos minutos podemos concentrarnos en el ritmo, en nuestra respiración y en nuestras sensaciones.

El estrés no desaparece mágicamente por bailar, pero incorporar actividad física y momentos de ocio activo puede formar parte de una estrategia saludable para gestionar el bienestar diario.

La OMS también señala que la actividad física puede ayudar a reducir síntomas de ansiedad y depresión y favorecer el bienestar general.

Por eso, quizá después de un día complicado no siempre necesitamos hacer más.

Quizá necesitamos movernos de otra manera.

Bailar nos permite conectar con otras personas

Existe otra dimensión que no podemos olvidar: la social.

Bailar con otras personas crea conexión.

Una clase de baile puede convertirse en mucho más que una hora de actividad física. Puede ser un espacio para conocer gente, compartir experiencias, reír, aprender y sentir que pertenecemos a una comunidad.

En pareja, el baile requiere comunicación.

En grupo, requiere coordinación.

Y en ambos casos existe una conexión que va mucho más allá de aprender una coreografía.

El propio Ministerio de Sanidad destaca que realizar actividad física en compañía puede facilitar la motivación y convertir el tiempo activo en una oportunidad para socializar.

Por eso hay personas que descubren en la danza no solamente una actividad física, sino también un lugar donde sentirse acompañadas.

No necesitas bailar perfecto

Este punto es fundamental.

✉️

📬¿Te ha gustado este artículo?

Suscríbete y recibe nuestras publicaciones directamente en tu bandeja de entrada. ¡Gratis!

Sin spam. Puedes darte de baja cuando quieras.

No necesitas tener un cuerpo determinado.

No necesitas tener veinte años.

No necesitas conocer cientos de pasos.

No necesitas bailar como un profesional.

Y, sobre todo, no necesitas compararte con nadie.

El baile no debería convertirse en otra competición.

No se trata de quién gira mejor, quién tiene más flexibilidad o quién memoriza antes una coreografía.

Se trata de disfrutar.

Quizá al principio te dé vergüenza.

Es normal.

Quizá pienses que todo el mundo te está mirando.

Probablemente la mayoría de las personas estén demasiado ocupadas intentando seguir su propio ritmo.

Con el tiempo, esa vergüenza puede desaparecer.

Y cuando desaparece, ocurre algo maravilloso: empiezas a bailar para ti.

Para muchos, el gimnasio; para otros, la pista

Para muchos, pisar el gimnasio es un triunfo diario, una sensación gratificante de logro que respeto y celebro profundamente.

Pero para otros —para nosotros— se necesita mucho más que sudar al ritmo de quince repeticiones mecánicas.

Necesitamos música.

Necesitamos emoción.

Necesitamos libertad.

Necesitamos sentir que el esfuerzo que estamos haciendo tiene un significado que va más allá de una cifra en una máquina o del peso que somos capaces de levantar.

Si te sientes identificado o identificada, formas parte de una comunidad enorme que busca fortalecerse y enriquecer el alma en el preciso instante en que resuena la cuenta:

¡5, 6, 7, 8…!

Y entonces comienza todo.

Encontrar nuestra propia manera de cuidarnos

Quizá hemos convertido el autocuidado en una lista interminable de obligaciones.

Comer mejor.

Entrenar.

Dormir.

Caminar.

Beber agua.

Desconectar.

Meditar.

Respirar.

Y todo ello puede ser maravilloso.

Pero cuidarnos también significa encontrar momentos que nos hagan felices.

Momentos en los que no tengamos que demostrar nada.

Momentos en los que podamos simplemente ser nosotros mismos.

Para algunas personas ese momento llega mientras corren.

Para otras, mientras pasean.

Para otras, leyendo un libro, escuchando música o practicando yoga.

Y para muchas, llega cuando comienza una canción y el cuerpo empieza a moverse.

Eso también es cuidarse.

La danza no sustituye todo: puede formar parte del equilibrio

Defender el baile no significa decir que el gimnasio sea malo ni que tengamos que abandonar otras formas de ejercicio.

Al contrario.

Podemos combinar diferentes actividades.

Podemos entrenar fuerza, caminar, practicar algún deporte y bailar.

La actividad física puede adoptar muchas formas y no tiene que estar limitada a un único espacio o disciplina.

De hecho, encontrar una combinación que disfrutemos puede ayudarnos a construir una rutina más completa y, sobre todo, sostenible.

Porque existe una diferencia enorme entre hacer algo porque sentimos que debemos hacerlo y hacerlo porque realmente queremos hacerlo.

Cuando disfrutamos de una actividad, es mucho más fácil convertirla en un hábito.

Y si conseguimos que ese hábito nos haga sentir bien, habremos encontrado algo muy valioso.

Entonces, bailemos

Hay momentos en la vida en los que necesitamos recordar que no hemos venido únicamente a cumplir obligaciones.

También hemos venido a sentir.

A reír.

A disfrutar.

A compartir.

A movernos.

A celebrar que estamos aquí.

Quizá por eso bailar tiene algo especial.

Durante unos minutos desaparecen las preocupaciones y aparece una versión más libre de nosotros mismos.

Ese momento es como flotar.

Es sentirte vivo, libre, completo y feliz.

Y quizá eso sea precisamente lo que significa cuidarse de verdad, en toda la extensión de la palabra.

Así que sí: podemos entrenar, fortalecer los músculos, mejorar nuestra condición física, cuidar nuestra salud, reducir el sedentarismo y, al mismo tiempo, buscar aquello que nos haga felices.

Podemos movernos.

Podemos sudar.

Podemos aprender.

Podemos equivocarnos.

Podemos reírnos de nuestros propios pasos.

Podemos compartir una pista con alguien.

Podemos escuchar esa canción que nos cambia el ánimo.

Y podemos volver a empezar mañana.

Porque no existe una única manera de cuidarse.

También podemos cuidarnos bailando.

Y cuando llegue la música, cuando escuchemos el primer compás y alguien marque:

5, 6, 7, 8…

No pensemos demasiado.

No busquemos la perfección.

No nos comparemos.

Simplemente dejémonos llevar.

Porque quizá ese sea nuestro momento.

Ese instante en el que las preocupaciones se quedan fuera, la música ocupa todo el espacio y sentimos que, por unos minutos, nos nacen alas.

Bailar también es una forma de cuidarse.

Entonces, ¿por qué no hacerlo?

Entonces, bailemos. ❤️

¡Comparte este artículo!

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *